- 14/09/2026
- Investigación
Las Carabelas de la Dominación Invisible.
Profesor José Luis Racciatti
Fundación de Estudios Superiores Multidisciplinarios en Regulación y Ciencias FESMRC P.I.U. Publio Virgilio Marone
La factura abierta de 1492: por qué la región sigue pagando el costo de la Conquista
Cada 12 de octubre, el calendario nos invita a una discusión que muchos insisten en catalogar como "cuestión del pasado". Nos dicen que juzgar a Cristóbal Colón con ojos del siglo XXI es un anacronismo; un ejercicio de resentimiento abstracto sobre estatuas de bronce y mapas desteñidos. Sin embargo, la herencia de las carabelas no habita en los libros de historia: se siente cada mañana en la economía, en las venas abiertas de nuestras crisis recurrentes y en la profunda desigualdad de nuestras calles. El verdadero problema de la colonización no es lo que ocurrió hace más de cinco siglos, sino la factura económica, social y ambiental que América Latina todavía no termina de pagar. La conquista no terminó; solo cambió de formato.
Esta nueva forma no viene enmarcada en los bellos diseños de los textos oficiales, sino enlutada en la pobreza extrema, los asentamientos de miseria y la marginación. Es la manera cruel de recordar que aquel día alguien gritó "¡tierra!" prometiendo los Cielos Nuevos del Apocalipsis; pero, aún hoy, nuestros cielos siguen siendo apocalípticos.
Podríamos ignorar el pasado y mirar solo hacia adelante, pero al frente solo encontramos las huellas de una historia que todavía nos condiciona y nos somete. Los protagonistas han cambiado, pero la colonia es la misma. Bien lo advertía León Felipe en sus versos:
…¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas…
Han pasado más de quinientos años y no escapamos de las mismas penurias.
Parece que el tiempo no avanza, sino que nos fustiga.
Una mirada económica
Tal lo narrado por León Felipe, el formato actual de esa vieja colonia tiene el sello de la dependencia primario-exportadora. Seguimos atrapados en la misma lógica extractivista del siglo XVI. Cambiamos el oro y la plata por el litio, el petróleo y la soja, pero el circuito es idéntico: la riqueza se extrae de nuestras tierras, destruye nuestros ecosistemas y se procesa en el extranjero, dejándonos a cambio salarios de miseria y deudas externas impagables. Las carabelas de hoy ya no cruzan el Atlántico con velas al viento; se materializan en las exigencias de los organismos financieros internacionales y en contratos leoninos que resguardan los intereses de las nuevas metrópolis. Hoy la virtualidad es un nuevo renacer para un mundo globalizado y el paso a la excelencia que la globalización nos brinda, como en el caso de la Fundación FESMRC desde la educación, o el caso de las oportunidades de armonización y enriquecimiento cultural y social. Sin embargo, otras virtualidades, poco controladas, nos llevan a preguntarnos, qué es lo que está pasando, como en el caso de las monedas no reguladas, y no por su ganancia o por su falta de ella, sino por la imposibilidad de alcanzar una entidad que permita la regulación entre los bancos centrales y estas nuevas estructuras. No cabe duda que el problema no es de un bando o del otro, sino de ambos.
A veces, en esta dura lucha por sobrevivir, en este cielo dominado por el infierno de la incertidumbre, nosotros, los latinoamericanos, nos preguntamos: ¿cuándo nos colonizaron?, ¿cómo nos supieron? Y la respuesta la dio Eduardo Galeano cuando dijo que somos:
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos…
Pero se olvidó de decirnos que, además, somos los deudores de una deuda que no asumimos por voluntad propia sino por imposición ajena.
Mirando lo social
Esta persistencia del pasado se evidencia con brutalidad en la geografía de nuestras ciudades. Las murallas coloniales que antes separaban la ciudad de los blancos de los pueblos originarios no han desaparecido; se han transformado en los muros de los barrios privados que colindan con el hacinamiento de las favelas, de las villas miseria y los asentamientos. La pigmentocracia sigue rigiendo el mercado laboral latinoamericano: el color de la piel y el apellido continúan siendo, como hace seiscientos años, predictores implacables de quién nace para mandar y quién para obedecer. La movilidad social es una ilusión cuando las estructuras de poder siguen blindadas por el mismo linaje de privilegios heredados.
¿Con qué se puede luchar contra una injusticia protegida en los altos y supremos tribunales? Como dijera Penauco:
Si con un poema se pudiese
borrar la impunidad del frío que irá a roer las carnes pobres,
borrar la impunidad del hambre que intentara saciar
con caldos flacos los rugidos estomacales de la desigualdad.
Si con un poema se pudiese combatir la impunidad de la noche que vendrá
a devorar los sueños de las y los guachines
que duermen en la calle…
Pero lo cierto es que no alcanzan los poemas para luchar contra una nueva esclavitud que se traduce en el negocio de la pobreza. El propio Colón tomó a los habitantes de nuestra América Latina como objetos o fuerza laboral económica; fue tan despiadado que terminó en prisión debido a sus propios excesos.
Nuestra América, signo del Espíritu de nuevos cielos y nuevas tierras, quedó sometida a la tormenta de una colonización que hoy se transformó en la gran asimetría de mundos que se adjetivan con números ordinales.
CONCLUSIÓN
La colonización mental
Pero el fustigo más invisible y eficaz no se ejerce con leyes ni bayonetas, sino a través de la cultura. Nos enseñaron a mirar el mundo con los ojos del colonizador, a despreciar lo propio e idolatrar lo ajeno. Seguimos midiendo nuestro progreso bajo estándares diseñados en latitudes que nos desconocen, validando el conocimiento científico occidental mientras sepultamos los saberes ancestrales que supieron convivir en armonía con la tierra.
Descolonizar América Latina hoy no es un debate sobre estatuas derribadas; es el desafío urgente de romper las cadenas mentales que nos hacen creer que nuestro único destino es ser la periferia obediente del mundo. Esa cultura impuesta contrasta con la cultura expuesta a sus ruinas porque fue ocultada, porque fue robada y mancillada tanto por el dominante como por el dominado que olvidó su raíz en el desierto de la ignorancia.
Hughes lo graficó muy bien al decir:
Miro el mundo
De ojos que despertaban en un rostro negro
Y esto es lo que veo:
Este espacio estrecho y vallado
Asignado a mí.
Luego miro las paredes ridículas
A través de ojos oscuros en un rostro oscuro
Y esto es lo que sé:
Que todos estos muros que la opresión construye
¡Tendré que irme!...
Tal vez, esa retirada sea por vergüenza, por comodidad o por resignación, pero quizás sea para revelar al mundo colonizado que las formas deben volver a cambiar, no porque lo diga un señor de derecha, de izquierda o del centro, sino porque lo dice el pueblo culto de una América que aún no encontró la manera de mirar a las carabelas como el Leviatán que se nos acerca para robarnos nuestro americanismo.
Profesor Jose Luis Racciatti
Fundación de Estudios Superiores FESMRC P.I.U. Publio Virgilio Marone
